Soledad



Elsie (o la madre de la artista)
June Blum 1929
 

19 comentarios:

José Antonio Fernández dijo...

Yo no distingo soledad en el cuadro.
Es distinto tener soledad a estar solo. La veo sola, sentada, pero está la artista, su hija, detrás.
Tal vez sí desprenda algo de soledad por su falta de pareja. Uno nace siendo uno, en un momento dado ese uno son dos, para finalmente volver a ser uno. Tal vez ese sea su momento.

mariajesusparadela dijo...

Creo ver un gato sin cara, confundido con el fondo.
Seguramente querrá decir algo que no me atrevo a adivinar.

Clarice Baricco dijo...

La veo tan complaciente y quizá conforme.

Gracias Bel.

Bel M. dijo...

Desde luego, José Antonio, las percepciones siempre están mediatizadas. Para mí, el mundo de los ancianos es absolutamente un mundo de soledad, no sólo por la ausencia de una hipotética pareja, su mundo ha desaparecido, todo lo que les queda es un pasado en ruinas, poblado de sombras y muerte y un horizonte inexistente, agravado en nuestros días por la inutilidad a la que han sido condenados.
Ayer vi una peli "Synecdoche Nueva York" donde muestra exactamente eso al final de una vida, esa desolación de una paisaje en ruinas donde todos los que habían sido su mundo están muertos.

Bel M. dijo...

Pues no sé, Mª Jesús, no me parecía especialmente relevante esa sombra, pero tal vez sí, quién sabe.

Bel M. dijo...

Querida Graciela:
Yo no creo que la elección del espacio por parte de la pintora sea casual. Una anciana, sola, sentada en el banco de un parque, el que parece ser último y único lugar que los ancianos todavía tienen derecho a ocupar. Tal vez ella esté conforme, o resignada...
Gracias a ti.

alfaro dijo...

A mí esta mujer me da sensación de tranquilidad, de que ya no hay prisas, que ya todo está hecho, me transmite cierta serenidad, y sin embargo tiene algo de stop..., de cerrado, cuello hasta arriba cerrado, manos juntas casi cerradas cogiendose la una a la otra pero en reposo, cierta tensión en las rodillas... tan juntas...
Los cuadros son siempre algo demasiado íntimo, más que la escritura, y se exponen más...
Un abrazo.

Luis dijo...

Una manera exquisita de posar y de pasar el tiempo, dejando que aquello que ha sido tu vida (hasta ese momento) se manifieste en tu capacidad de expresión espontanea.
En cuanto lo que ha de venir, yo nunca proyecto sobre aquello que desconozco en principio en mi y mucho más en los otros. ¿Quien sabe lo que sienten los mayores en cuanto lo que ha sido su vida y lo que les queda por vivir?
Dejémosles a ellos que sientan y no aventuremos demasiado.
Un cuadro sublime, desde luego.

Belnu dijo...

Yo sí veo la soledad en esa mirada, y una vulnerabilidad pese a su terrestridad física, a sus raíces arbóreas. Hay algo muy urbano. Me gusta

Bel M. dijo...


Es cierto, Alfaro, hay algo de inquietante por lo que tiene de contradictorio. ¿Esa serenidad, lo es o es resignación, o es contención de un grito quizá antiguo pero aún latente?
Un abracísimo para ti.

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Pero, Luis, ¿no crees que aventurar sobre lo que sienten los otros es precisamente el origen de la escritura, o de la narrativa al menos, y también el de la empatía, lo que puede acercarnos a los otros?
Por lo demás, me alegro de que te guste. Para mí casi todos han sido descubrimientos estimulantes. Saber que hay tanto en el mundo que me queda por conocer, que a pesar de todo se hacen cosas, como dices, sublimes.
Un abrazo.

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Ah, Belnu, no sé si has leído mi comentario a José Antonio donde le hablo sobre esa película que tú me diste a conocer, Synecdoche Nueva York" y la escena de la llegada de la vejez, con ese paisaje de lo que ha sido su mundo en ruinas y poblado por muertos... de alguna manera es eso urbano de lo que hablas que también veo aquí, desolado, a pesar de la luz y la inquietante, porque no consigue convencer, serenidad de "Elsie". Así es como imagino yo la soledad de los ancianos.
Gracias de nuevo.

Conde de Galzerán dijo...

Realmente, la vejez la estimo como una etapa especialmente dura. Creo que la soledad y la senectud casi son sinónimos, y si no lo son, son pareja de baile. Nos hablan de ella,- de la senilidad- como un periodo de plenitud, calma, etc. No puedo creer en esa entereza, más sabiendo que se está en el último tramo y que el anciano es pasto propicio para todas las enfermedades. A esa edad uno es ya invisible para el resto de los humanos y de todas las condiciones particulares, solamente resta una: la compasión. Y cada vez más, ésta es menos efectiva. En el autorretrato de Alice Neel, había una rebelión, impotente. Que sea un autorretrato ya dice mucho.
En esta, por supuesto, hay ternura. Pero la ternura la pone la artista, que es su hija. Ella sabe como era su madre y como es ahora. La indumentaria es la que puede ser. Los atributos físicos se han perdido y los intelectuales, también poco a poco. No cruza las piernas. Ni sonríe. Tampoco hay ninguna razón ya para ello. Está. Espera. No hay más.

Así lo veo, Bel.
Ptó

Isabel Martínez dijo...

Está claro que cada uno vemos con nuestros ojos y con nuestro pensamiento. Y a mí me transmite paz esta anciana. La observo tranquila y confiada.
Un abrazo, Bel.

Fran dijo...

Más que ancianidad creo que hay ancianos o, mejor dicho, viejos concretos. Cada uno cosecha para sí lo que sembró. Si un viejo concreto no puede disfrutar de un día en el parque,rozándose con sus recuerdos, contemplando a los nietos jugar y jugando también, de alguna manera, con ellos, entonces esa persona no se cultivó emocionalmente durante su vida.

Esta mujer, para mí, está disfrutando -relativamente- de un paseo por el parque, de la compañía de quien la dibuja o fotografía en la naturaleza y de sus recuerdos íntimos.

Amelia dijo...

Hay viejos espléndidos, caramba. Que miran de frente a lo que se fue y a la muerte que viene.
Con serenidad y con... una bien ganada inocencia que nada tiene que ver con la ingenuidad.

Bel M. dijo...

Conde, Isabel, Fran, Amelia: gracias por vuestra visita y vuestras apreciaciones. Ya sabéis hacia donde se inclinan las mías, hacia un lugar cercano al que relata el Conde.

Besos a todos.

giovanni dijo...

El sol y la sombra, y pasan los años. Su vestido... sus piernas... sus pies... sus manos... su mirada... su boca...

Un banco en el jardín? En un parque? Y que importa donde sea...

Y los colores pocos brillantes... Ha llevado una vida brillante? Llevamos una vida brillante?

Besos

Bel M. dijo...

¡Qué pregunta tan pertinente Giovanni! (esos colores desvaídos también llevan a esa sensación de algo que se acaba, de un mundo que se apaga...) y tan sin respuesta, ¿tú la tienes?
Un gran beso.

giovanni dijo...

Querida Bel, esta mañana me desperté muy temprano y unas horas después (a las 7) escribí en un comentario al blog de Isabel Martínez: 'las preguntas dan espacio, las respuestas lo limitan.' Según Isabel es una frase magistral, para mí es más bien normal. Podría tratar de dar una respuesta, no sé, se trata de toda una vida, la de la mujer y la mía...

Un altro bacio

Bel M. dijo...


Giovanni: Sin preguntas no habría habido filosofía, ni pensamiento, nada, las preguntas son maravillosas y la búsqueda de respuestas, no las respuestas, aunque a veces las necesitemos como un perro con la lengua fuera, con la sensación de muerte inminente. En cuanto a si una respuesta nos limita... sin saberlo he respondido arriba con otra pregunta.
Estoy de acuerdo con Isabel M.
Un gran abrazo.