Foto: Ricardo Sánchez
Mañana A. cumple 20 años. Y saberlo, sentirlo, me ha producido por fin una alegría calma, la sensación casi bíblica de que "todo se ha cumplido, lo que debía hacerse se ha hecho". Alegría que no sentí cuando A. decidió vivir en otra ciudad. Fue entonces una pérdida que parecía multiplicar todas las de aquellos días cuando apenas me rodeaba otra cosa que melancolía y duelo.
Rara alegría como si pudiera de nuevo mirar otras puertas, mirarlas de verdad, no desaparecida la de madre, pero sí situada en la dimensión que le corresponde, retirada de ese exclusivo primer plano que velaba, cuando no ocultaba, todas las demás, curiosamente no hacia el exterior, no en apariencia, sino hacia dentro, en algún lugar recóndito y, sin embargo, omnipresente.
Ahora que los planos se han desplazado y se suceden en mi campo de visión como un travieso holograma, tal vez sea el momento de detenerme, de observar, de salir del silencio, o no.

Poppy, Georgia O'Keefe







