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Cosecha de ángeles y Palabras como rosas


Fue Joaquín Aguirre, editor de la revista digital de literatura Espéculo y buen amigo, quien me la descubrió y, no sólo eso, también tuvo la generosidad de regalarme un ejemplar de la antología La cules îngeri (Cosecha de ángeles), preciosa edición bilingüe, en estos momentos agotada.

Sería absurdo hacer aquí una reseña de esta poeta rumana nacida en Timisoara en 1942, autora también de diversos ensayos:

"El objetivo de la poesía se ha convertido en salvar el silencio, recuperar la capacidad de callar. (...) En cada verso escrito, el poeta pone en peligro la propia poesía escondida, la perfección que presupone. "

De La poesía entre el silencio y el pecado, en Horror a la literatura, Ana Blandiana

teniendo a nuestro alcance el espléndido artículo que, con el título Ana Blandiana: una poética de la humildad, nos ofrece el mismo J. Aguirre en el último número de la revista.

Señalar, sin embargo, lo que a mí más me ha llamado la atención: ciertas imágenes que con frecuencia me rondan y sobre las que alguna vez he intentado escribir o quisiera poder escribir, desde los ángeles, a la sombra, pasando por la luz y la carne, el aire o las palabras y el silencio.

Dos pequeñas muestras:

Un animal cegador

También la luz es carne.
Si la arrancas, se rompe
y sangra.
¿No habéis visto nunca
un haz de luz
que, arrojado a un lado del cielo,
empieza a pudrirse?
¿O nunca habéis sentido
el olor a sangre
de un arroyo que discurre despacio,
de un rayo de sol
dispuesto a calmarse
de piedra en piedra?
¿Y no os habéis parado a pensar
en el olor divino,
consumado allí,
en el corazón de la luz,
donde un animal cegador
herido en la eternidad
nos mantiene a todos
con vida?

A mi sombra le da miedo

A mi sombra le dan miedo
las sombras de los árboles
mucho más que a mí los árboles.
Los árboles no se atreven
a atacarme.
Pero, detrás de mí,
siempre se oye
una salvaje refriega
de sombras.
(...)

Y una dedicatoria:

El país de los padres

El pelo me llegaba hasta el suelo
y los treinta años
me parecían una edad tan lejana
que creía imposible
cumplirlos algún día.
Llena de crueldad me deslizaba
desde la tierra de mis padres
hacia un mundo aún por inventar.
(...)

Antonio Castellón tuvo la gentileza de entregarme hace unos días el premio Palabras como rosas. Muchas gracias, Antonio, y espero me disculpes que, en lugar de la foto oficial, utilice ésta tomada hace una semana de un pequeño rosal florecido en febrero. Creo que se trata de una especie llamada "Para ti" que yo quisiera ofrecer a Gloria, Fusa y (*, a quienes el pelo todavía les llega hasta el suelo, por haberme dado el privilegio de su amistad, a Little pain y a Vanessa cuyo pelo, incluso recogido, se arrastra metros y metros tras ellas, por honrarme con sus visitas a este blog y a Inuit y Marisa porque todavía no había tenido ocasión de mostrarles cuánto agradezco su amistad y porque comprenderán, seguro, el resto del poema.

(...)
Ni siquiera hoy en día el mundo se ha inventado.
Ya no tengo el pelo tan largo,
los treinta sólo son un avituallamiento en el camino,
¡lo que daría por volver a la tierra de mis padres!
Pero a la tierra de los padres
siempre se llega tarde.
Sólo cuando ya todo está desierto.
Y sólo bajo la luz de la luna
se reúnen
bajo los castaños talados
sombras de padres condenados
y madres de treinta años
que peinan
a sus hijas de pelo largo,
tan largo que llega hasta el suelo.

Y, sobre todo, porque todas ellas, y todos vosotros, lucháis por que las rosas florezcan como palabras.