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Ha nevado todo el día


Me vais a permitir que sea un poquito cursi. Es lo que tiene la nieve, que produce una especie de borrachera  y una se deja arrastrar por ese "Tombe la neige, tu ne viendras pas ce soir... triste certitude..."





Mi calle se ha llenado de pronto de niños que juegan. Se oye la algarabía, ellos brincan, los adultos sonríen. Como un milagro.

La madre




Hojeando el periódico, descubro que la televisión pública de Barcelona va a emitir esta noche “The mother”. Tengo la impresión de que la crítica pasó de puntillas por esta película. Ante tanta realidad, ni siquiera tuvieron la generosidad de proporcionarle, al menos, el regalo del escándalo. Incluso esos atrevidos traductores que pueden convertir un título en cualquier otra cosa, en este caso ni osaron decir “La madre” y, cerrando los ojos –tal vez así lograrían no ver-, optaron por el original “The mother”.

No sé si la película es buena. Yo misma enmudecí tras su visionado. Pero sí estoy segura de que es necesaria, y muchas más que, como ella, aborden este tema. ¿Y cuál es? El deseo… en una mujer, madre y abuela, que ha superado con creces los sesenta.

El deseo de una mujer invisible, que esta película obliga a ver -y sólo a través de la mirada es que los seres ven certificada su existencia-. Esta mujer, nos dicen su director, Robert Michell, y su guionista, Hanif Kureishi, y los actores, Anne Raid y Daniel Craig, existe. No es nadie.

¿Cuántas novelas, poemas, películas abordan ese tema en un hombre? -“Desgracia”, por citar una reciente-. ¿Y no se deshacen en elogios los críticos de cómo es tratado con delicadeza y lucidez y cómo el deseo bla, bla, bla?

¿Cuántas novelas, poemas, películas lo hacen sobre una mujer? Quizá porque conozco tan bien su obra, sólo recuerdo ahora mismo una, el cuento “La búsqueda de la dignidad”, de ella, claro, Clarice Lispector:

Por fuera –vio en el espejo- ella era una cosa seca como un higo seco. Pero por dentro no estaba seca. Todo lo contrario. Parecía, por dentro, una encía húmeda, blanda, como una encía desdentada.
Entonces procuró un pensamiento que la espiritualizara o que la secara de una vez. Pero nunca había sido espiritual. Y a causa de Roberto Carlos ella estaba envuelta en las tinieblas de la materia, donde era profundamente anónima.
De pie en el baño era tan anónima como una gallina.
En una fracción de fugitivo segundo casi inconsciente vislumbró que todas las personas son anónimas. Porque nadie es el otro y el otro no conoce al otro. Entonces, entonces cada uno es anónimo. Y ahora estaba enredada en aquel pozo hondo y mortal, en la revolución del cuerpo. Cuerpo cuyo fondo no se veía y que era la oscuridad de las tinieblas malignas de los instintos vivos como lagartos y ratones. Y todo fuera de época, fruto fuera de estación. ¿Por qué las otras viejas no la habían avisado (…)?
(...)
Y ella vivía como si también fuese alguien, ella que no era nadie.
La señora de Jorge B. Xavier era nadie.








Con mis mejores deseos


I.M.



Canta: Judy Garland

Have yourself a merry little Christmas

Have yourself a merry little Christmas
Let your heart be light
Next year all our troubles will be out of sight
Have yourself a merry little Christmas
Make the Yuletide gay
Next year all our troubles will be miles away
Once again as in olden days
Happy golden days of yore
Faithful friends who are dear to us
Will be near to us once more
Someday soon we all will be together
If the fates allow
Until then we'll have to muddle through somehow
So have yourself a merry little Christmas now

Sé tú quien tenga una pequeña y feliz navidad

Sé tú quien tenga
una pequeña y feliz navidad.
Deja que tu corazón se ilumine.
El próximo año
nuestras inquietudes ya estarán lejos.
Sé tú quien tenga
una pequeña y feliz navidad.
Haz que estos días
sean alegres.
El próximo año
ya habremos perdido de vista
todas nuestras inquietudes.
Aquí estamos,
como en aquellos lejanos días,
dorados días felices.
Y encontraremos de nuevo
a los amados amigos
dulcísimos amigos de antaño.
Algún día, pronto,
estaremos todos juntos,
si el destino lo permite.
Hasta entonces
cada uno tendrá que arreglárselas
de alguna manera.
Por eso,
sé tú quien tenga, ahora,
una pequeña y feliz navidad.

Traducción: Bel

Deseo 3

I.M., Granada

Dedicada a Mertxe por hacerme recordar que lo recuerdo y a Rosa por mostrarme la música


Gacela del amor desesperado

La noche no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.
La noche no quiere venir.

Pero yo iré,
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
Pero tú vendrás
con la lengua quemada por lluvia de sal.

El día no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.
El día no, no quiere venir.

Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.
Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.

Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.
Para que tú mueras por mí.

Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.
Para que tú mueras por mí.
Para que yo muera por ti.


Deseo 2


"Pues justamente a mí, tan llena de garras y sueños, me había tocado arrancar de su corazón la flecha puntiaguda. De golpe se explicaba para qué había nacido yo con mano dura, y para qué había nacido sin asco del dolor. ¿Para qué te sirven esas uñas largas? Para arañarte mortalmente y para arrancar tus espinas mortales, responde el lobo del hombre. ¿Para qué te sirve esa cruel boca de hambre? Para morderte y para soplar a fin de que yo no te lastime demasiado, mi amor, ya que tengo que lastimarte, yo soy el lobo inevitable, pues me fue dada la vida. ¿Para qué te sirven esas manos que arden y aprisionan? Para quedarnos de manos juntas, pues necesito tanto, tanto, tanto, aullaron los lobos, y miraron intimidados las propias garras antes de acurrucarse uno con el otro para amar y dormir.
... Y fue así como en el gran parque del colegio, lentamente comencé a aprender a ser amada, soportando el sacrificio de no merecer, tan sólo para suavizar el dolor de quien no ama. No, ése fue solamente uno de los motivos. Es que los otros pertenecen a otras historias. En algunas de ellas fue de mi corazón de donde otras garras, llenas de duro amor, arrancaron la flecha puntiaguda, sin asco de mi grito."
De Los desastres de Sofía, Clarice Lispector
Traducción Juan García Gayó






Deseo


Una llama

Señor, danos un largo invierno

y música tranquila, y labios pacientes,

y un poco de orgullo antes

de que se acabe nuestro siglo.

Danos el asombro

y una llama alta, clara.

De Deseo, Adam Zagajewski
Traducción de X. Farré